lunes, 22 de noviembre de 2010

El principio del doble efecto



El principio del doble efecto establece que una acción con dos o más efectos posibles, incluyendo al menos uno bueno y otros malos es éticamente permisible si se cumplen las siguientes condiciones:

1. La acción debe ser buena o neutra.
2. La intención del actor debe ser correcta (se busca el efecto bueno).
3. Existe una proporción o equilibrio entre los dos efectos, el bueno y el malo.
4. El efecto deseado y bueno no debe ser causado por un efecto indeseado o negativo.




Caso Marianita



1. Analice la postura de los padres.
2. Analice la postura de la clínica.
3. Analice el caso de los embriones descartados como un caso de eugenesia.
4. Comente las intervenciones de sus compañeros.



lunes, 8 de noviembre de 2010

Principios o fuentes de la moralidad





Lo bueno, el bien y la ética
Difícilmente puede hallarse una pregunta de mayor interés: ¿Qué es lo bueno? ¿qué es el bien? Porque todo hombre guarda en lo más hondo de su ser el deseo invencible de ser bueno y de hacer lo bueno. Si hace el mal es porque le deslumbra la partecilla de bien con la que el mal se reviste…
Así nace la ciencia que llamamos Ética (de ethos: costumbre o modo habitual de obrar), que investiga lo que es bueno hacer, de modo que, haciéndolo, alcancemos la perfección humana posible y por tanto la satisfacción de nuestros más hondos deseos, es decir, la felicidad.
Cuando se dice que algo "es ético" o que "no es ético", se está diciendo que es o no es bueno. Ahora bien, si casi todos coincidimos en que nuestra conducta ha de ser "ética", no siempre estamos de acuerdo en "lo que es ético". Lo que parece "ético" a unos, puede resultar una monstruosidad a otros.

El fin y los medios
En una anterior ocasión imaginábamos humorísticamente a unos sujetos un tanto perturbados por lecturas «políticamente incorrectas». Uno de ellos fue a un psiquiatra que le aconsejaba —para tranquilizarle— que se olvidara del supuesto orden entre los medios y los fines. «¿Qué importa que una cosa sea fin o medio? —decía el galeno—, en realidad, todo es fin y todo es medio, por eso nada es medio ni es fin... A lo que responde el paciente: -Pues mire, doctor, esto mismo me dijo el zapatero. Tenía unos zapatos de excelente diseño. Pero yo tenía los pies grandes y no me cabían. La solución estuvo conforme con su teoría. Llamó al traumatólogo y me cortó los dedos de los pies. Ahora, fíjese, los zapatos me sientan perfectamente -claro que sí, hombre. Usted creía que el pie era el fin y los zapatos los medios. Una vulgaridad. Debemos ser creativos…
Esta especie de locura que consiste en prescindir, a la hora de actuar, del orden natural entre el fin y los medios adecuados, tan difundida, explica gran cantidad de crímenes no sólo contra «la humanidad» abstracta, sino contra millones de personas concretas, con rostro, nombres y apellidos. Se adopta una conducta y el pensamiento se adapta como sea para justificarla. Se construye una teoría moral y se hace como Procusto. Procusto no era el nombre de pila del mítico posadero de Eleusis. Se llamaba Damastes, pero le apodaban Procusto que significa «el estirador», lo cual sólo se comprendía cuando mostraba su sistema particular de hacer amable la estancia a sus huéspedes. Deseoso de que los más altos estuvieran cómodos en sus lechos, se aseguraba de que éstos tuvieran la medida exacta cortándoles - a los huéspedes - la porción sobresaliente de sus miembros. A los bajitos les ataba grandes pesos en los pies hasta que alcanzaban la estatura justa del lecho. Menos mal que Teseo, forzudo atleta, puso fin a las locuras del posadero devolviéndole con creces el trato que dispensaba a sus ingenuos clientes.
Fines y medios no son valores independientes, que se puedan juzgar por separado, porque los fines de alguna manera proceden de los medios; si no, no se conseguiría ningún fin: nadie da lo que no tiene. Es absolutamente imposible que un medio injusto conduzca un fin justo; sería una tremenda contradicción. El fin alcanzado por medios injustos pierde su calidad de fin y no puede ser bueno. «La naturaleza de los fines está implicada en la naturaleza de los medios —dice J.M. Ibáñez-Langlois—. En cierto modo los medios contienen ya el fin; los procedimientos anuncian el resultado. Predicar, matar, conmover, forzar, orar, no son medios neutros que sirvan para cualquier fin: cada uno lleva implícito el resultado». La bala lleva consigo la muerte.


El objeto, el fin y las circunstancias
El acto externo (u objeto), y el interno (o intención), son como dos caras de la misma moneda, dos aspectos de un mismo acto. Para que una moneda sea buena, de modo que valga lo que anuncia, es preciso que sus dos caras--no una sola--sean buenas y no falsas. Bastaría que una cara fuese falsa, para que toda la moneda lo fuera. Así también, para que un acto humano sea moralmente bueno, es necesario que tanto el objeto como la intención sean buenos. Intención y objeto son, por eso, dos principios fundamentales de moralidad.
Ahora bien, ¿basta la consideración conjunta del objeto y de la intención para calificar con exactitud la moralidad de un acto humano? La moral católica ha advertido siempre que se debe contar con otro principio o fuente de moralidad, que si no es "fundamental" es, sin embargo, importante, y a veces mucho.
Todo acto humano se realiza entreverado con una serie de circunstancias que aumentan o disminuyen su propia bondad o maldad.
Las circunstancias pueden hacer que una cosa buena se haga mejor o que una cosa mala se haga peor. Lo que no podrán hacer nunca las circunstancias es que un objeto intrísecamente malo se convierta en moralmente bueno…

Caso Youk

Thomas Youk, de 52 años, sufría de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), también conocida como enfermedad de Lou Gehrig.

ELA debilita poco a poco los nervios a los músculos, causando dificultad para respirar, parálisis y finalmente la muerte.

Youk había sufrido de ELA durante dos años y cada vez tenía problemas para respirar y tragar. Se puso en contacto con el Dr. Jack Kevorkian de Michigan.




 
Según informó CNN, el pasado domingo 22 de noviembre de 1998, el Dr. Jack Kevorkian apareció en televisión, en el programa "60 Minutes" de CBS, mostrando cómo mató al Sr. Thomas Youk, de 52 años, que sufría de la enfermedad Lou Gehrig. El Dr. Kevorkian, más conocido como "El Doctor Muerte", ha ayudado a suicidarse a más de 120 personas y, aunque parezca increíble, ha salido absuelto en tres ocasiones de los cargos presentados contra él en el Estado de Michigan, EE.UU., donde reside. Pero esta es la primera vez, que se sepa, en la que él mismo apretó el botón de su "máquina de suicidio asistido" que le suministró la sustancia letal al paciente. El hecho ocurrió el pasado 17 de septiembre, dos días después de que Kevorkian visitara a su víctima, quien, junto con su familia, le pidió este acto homicida al patólogo retirado.



 

Kevorkian puesto en libertad



Para nuestra reflexión

1. Sobre la actuación del Sr. T. Youk, determine: el objeto, el fin y las circunstancias.

2. Sobre la actuación del Dr. Kevorkian, determine: el objeto, el fin y las circunstancias.

3. Desde la sana bioética califique la actuación del Sr. Youk.

4. Desde la sana bioética califique la actuación del Dr. Kevorkian.

5. Comente las intervenciones de sus compañeros.

Para pensar

La Iglesiano tiene consistencia por sí misma; está llamada a ser signo e instrumento de Cristo, en pura docilidad a su autoridad y en total servicio a su mandato. El único Cristo funda la única Iglesia; Él es la roca sobre la que se cimienta nuestra fe. Apoyados en esa fe, busquemos juntos mostrar al mundo el rostro de Dios, que es amor y el único que puede responder al anhelo de plenitud del hombre. Ésa es la gran tarea, mostrar a todos que Dios es Dios de paz y no de violencia, de libertad y no de coacción, de concordia y no de discordia. 
(Benedicto XVI en Barcelona, 2010)